El Covid – 19 lo dejó en coma

Hasta hace cuatro meses, Marcos Javier Rodríguez, un querido comerciante del barrio Las Brisas de Ibagué, era un hombre muy activo, que velaba por el bienestar de su esposa María Aracely Tafur Ramírez y la hija de ambos, menor de edad. 

Una de las pasiones de don Marco era la cocina y según su compañera, todo lo que preparaba le quedaba delicioso.  En los últimos años le había dado vida a un restaurante, situado en su vivienda y que abría los fines de semana. Aunque el negocio no estaba registrado en Cámara de Comercio, él lo llamó ‘Delicias Marcos’ y poco a poco fue ganando reconocimiento y clientela. 

Don Marcos, un hombre vigoroso, también aprovechaba la navidad y otras festividades para ofrecer cenas especiales. Su familia lo recuerda como una persona alegre, sociable y rebuscador. Entre semana no se quedaba quieto, laboraba en construcción, arte que también sabía. 

Sin embargo, ese hombre enérgico quedó limitado a una cama y totalmente dependiente. Todo cambió cuando el Covid – 19 llegó a la casa y contagió a los cinco miembros de la familia.

Se complicaron

“Él era un hombre sano, no tenía enfermedades de base. El virus empezó como una gripa normal, pero se complicó con fiebre muy alta y baja saturación.  A los que más duro les dio la enfermedad fue a él y a mi mamá. El pasado 18 de junio nos tocó llevar a mi esposo a la clínica y el 20, dos días después, a mi mamá”, contó la señora Aracely. 

Y agregó: “Ambos ingresaron a cuidado intensivo y lamentablemente mi mamá falleció el 30 de junio. Él luchó por su vida y estando intubado sufrió un paro cardiorrespiratorio. Los médicos lo reanimaron, pero el cerebro estuvo varios minutos sin oxígeno, entonces mi esposo quedó en estado de inconsciencia, en coma”. 

Sin pañales ni enfermera

Con mucho amor, el 3 de septiembre, don Marcos fue recibido en el hogar. Llegó en una ambulancia, sin hablar, sin poder moverse y con muchos kilos menos. Aunque su esposa y su hija, estudiante de bachillerato, lo cuidan de la mejor manera, la situación no ha sido fácil. “El médico nos entregó una orden para que la Nueva E.P.S le brinde pañales, suplemento alimenticio y servicio de enfermería, no obstante, la entidad no nos ha entregado los pañales, la glucerna y la enfermera ha venido solo unos días durante unas horas”, señaló la ciudadana. 

En palabras de la dama, así como por muchos años don Marco veló por el bienestar de ella y su hija, hoy ella batallará con la E.P.S para que le brinde a él una calidad de vida en medio de su condición. 

“Según nos han dicho, la enfermera ha venido a enseñarnos cómo manejar la traqueotomía, la gastrostomía, cómo cambiarlo de posición y hasta hacerle terapias respiratorias. Por Dios, mi hija es menor de edad y tiene que estudiar, y yo tengo una condición de discapacidad, no puedo ni moverlo, y además tengo que mirar en qué voy a trabajar para sostenernos. Él es una persona totalmente dependiente y necesita una enfermera las 24 horas. Lucharé para que tenga una excelente calidad de vida. Él fue una persona tan buena que merece eso y más”, indicó. 

Intubado, el ibaguereño sufrió un paro cardiorrespiratorio. Fue reanimado y quedó en estado de coma.  

75 días permaneció Marcos Javier en la clínica. Quedó en estado vegetativo. 

Más detalles 

Marcos Javier Rodríguez no alcanzó a vacunarse contra el Covid – 19 ya que en junio, cuando el virus llegó a su hogar, apenas estaban vacunando a los mayores de 50 años. Además de quedar en estado de inconsciencia, el virus lo dejó con diabetes. “Era una persona sana, sin ninguna enfermedad de base y ahora es diabético. Los médicos nos dicen que podría recuperarse un poco, por lo menos que se pueda sentar, pero eso tomará mucho tiempo. Debemos estar muy pendiente de la saturación, de si le da fiebre y del cambio de pañal. Quedó como un niño, frágil.  Al día necesita tres frascos de Glucerna, que en total cuestan 21 mil pesos. La paca de pañales, para cuatro o cinco días, cuesta 60 mil pesos. Necesitamos que la E.P.S nos entregue lo que él necesita”, señaló la señora Aralecy. 

Expresó que ella y su hija le hablan, lo acarician y consienten. Según los médicos, sí las escucha. “Mientras su corazoncito lata, lucharemos por él. Además, yo tengo que luchar por mí hija que tiene 16 años ”, señaló la señora Aracely. 

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