¡Cuando el orgasmo no es placentero!

Escribe Valérie Tasso en «La ciencia del orgasmo»: «(…) No resulta extraño que el nombre de Dios aparezca más cuando experimentamos el orgasmo que cuando los sabios se enfrascan en charlas teológicas. Tan inhumano es lo que se experimenta que para los romanos solo los dioses o los manes -deidades infernales- eran capaces de provocarlo»… Esta cita puede tejer  varias interpretaciones, entre esas que,  existe una mitología generalizada explicando que el orgasmo es asunto de dioses (y diosas) y que dadas su bondades necesariamente equivale a sentir satisfacción, o mejor, que sea satisfactorio en sí mismo.  Y puede que algunas veces sí, pero también es posible no tener satisfacción al orgasmar.


En lo variopinto de las divulgaciones sobre el orgasmo, lo más común es que se describa como algo divino, místico, infrahumano y trascendente. Y en gran parte es cierto; el cóctel de reacciones explosivas una vez el cerebro interpreta los estímulos, los cambios a nivel fisiológico, sensorial y emocional, la alteración de la conciencia, la ‘muerte’ temporal, y demás asuntos metafóricos y de respuestas subjetivas lo hace parecer como un evento netamente satisfactorio. Por eso no se piensa en el otro lado del orgasmo.



¡Los «malos» orgasmos!


Los sujetos van en búsqueda del orgasmo o de esa experiencia que se vende como universalmente placentera. Pero resulta que no (siempre) lo es. Y lo describe un estudio del instituto Kinsey publicado en el Archives of sexual behavior, donde dice que muchos de los participantes del mismo afirman haber experimentado un «mal» orgasmo en algún momento de su biografía. Algunas situaciones que se viven previo al orgasmo como la presión para obtenerlo, la falta de deseo para el encuentro (decir sí cuando en realidad no se quiere), la idea de orgasmar en masa y  simultáneamente, las exigencias para llegar al más allá o para complacer, y las expectativas creadas al respecto, hacen que se describa a esos orgasmos como menos satisfactorios, o poco placenteros, más débiles, a veces dolorosos, o puramente físicos donde ningún efecto sensorial, o afecto los acompaña, entre otros aspectos.


¡Disfrutar de lo que elaboramos!


Muchos de nosotros usamos la expresión «orgásmico» cuando una situación nos asalta intensa y placenteramente. Cuando algo no se da como se espera llegan las sensaciones de disgusto y frustración.  Ampliar la definición y compresión del orgasmo resalta la gran diversidad que existe en la experiencia orgásmica. Entonces, a disfrutar los orgasmos que se pueda, no sea que por las altas y coloridas expectativas no apreciemos también la escala de grises, esa que nos enseña que, así como al orgasmo hay que aprender a tenerlo, hay que aprender a dejar que lo tengamos, y hay que aprender a elegir o crear y recrear las circunstancias y contextos adecuados.  Pues para que un orgasmo sea satisfactorio hay que diseñar nuestro propio ars amandi; esto es la manera de encontrarse, y de relacionarse de cada quien. El orgasmo es satisfactorio si es relacional: tiene correspondencia de una cosa con otra. También de relación: conexión, vínculo, trato, comunicación, intimidad, es decir, cuenta con un marco erótico efectivo.

Percibir el orgasmo cómo un hecho íntimo, único, placentero o satisfactorio va mediado por todas esas circunstancias en las que se elabora. El orgasmo satisfactorio no es asunto de dioses, no es algo que ocurre, es una decisión que tomamos.

Por:

Norma Bejarano. Psicóloga-Sexóloga.

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