¿Qué es el erotismo?

Norma Bejarano Psicóloga-Sexóloga

Intentar dar una definición de erotismo no es una tarea sencilla o superflua, pues no hay una sola. Erotismo es un tema voluptuoso y exuberante, que a veces aterra o da pavor, y que a la vez incita, emociona y revoluciona la mente. Pero como no se trata de congestionarlos de entrada, los aproximaré a algunos conceptos de  erotismo “prêt-à-porter”, con el patrocinio de diversas musas. 

 ¡Erotismo es transgresión! 

Según Georges Bataille, ensayista francés, lo que separa al erotismo de la actividad sexual a secas es la búsqueda psicológica independiente al fin natural de la reproducción, esto es, saltarse el sexo rudimentario y simplemente animal. 

El término transgresión se refiere a cruzar, levantar prohibiciones e interdicciones sin suprimirlas ni anularlas. La actividad sexual que la mayoría de las personas practicamos está inmersa en órdenes establecidos, hace parte de unos estándares y/o propósitos biológicos y culturales. Precisamente transgredimos el encuentro sexual cuando nos oponemos a los mandatos o a lo definido. “El erotismo pone en actividad asuntos humanos muy variados que generan un “caos” con el cosmos y el orden social”; “lo que está en juego en el erotismo es siempre la disolución de las formas constituidas”. 

 ¡El erotismo es un juego! 

El erotismo sugiere aconteceres y activa los sentidos. Equilibra nuestra condición animal con la condición humana, así mismo la socializa con variantes intelectuales: curiosidad, creatividad, imaginación. El erotismo es un juego que demanda merodeo crónico, espíritu aventurero y mente extendida para ir por caminos diferentes a los andados. Implica bucear por eso que creemos prohibido. Es el juego de “infringir” el código moral sin realmente infringirlo. En palabras de Mario Vargas Llosa: “el erotismo es un juego privado, un gozo propio, en el que sólo el yo, los fantasmas, y los jugadores pueden participar, y cuyo éxito depende de su carácter secreto e impermeable a la curiosidad pública”.

¡Erotismo no es pornografía! Con lo anterior, y a pesar de ser un debate constante, el erotismo no es porno porque no va con lo público, lo explícito, lo que exhibe, exagera, o satura. El erotismo es rebelión, nos solicita un rol de espionaje: buscar que hay debajo de eso que no se muestra; lo vedado, atractivo o encantador. Erotismo es el disfrute más allá y más acá del mero encuentro genital. El erotismo es arte y el arte de la ocultación; saber ocultar lo que se debe ocultar. Es insinuación, picardía, provocación, es expresarnos de manera recreada, fantaseada y humanizada. Es gozar y hacer gozar a través de los sentidos. 

 ¡Poesía de la sexualidad humana!

En sus cartas, la escritora Anaïs Nin, pedía al coleccionista que dejara de ser pesado con la obsesión por los encuentros sexuales mecánicos, porque estos había que mezclarlos de emociones, apetitos, sentidos, color, sabor, ritmo, intensidad, fantasías y deseos. Lo sensual, lo sensible y célebre engalanan los cuerpos. Parafraseando a Octavio Paz, el erotismo es poesía, una variación incesante e infinita que permite oír lo inaudito y ver lo imperceptible de los encuentros (a solas o en pareja). 

¡En el erotismo no hay vencedores ni vencidos! 

El erotismo fractura tabúes, es liberación, lúdica placentera;  nunca una competencia  con vencedores ni vencidos. El erotismo no crea miedos, disfunciones ni simula sensaciones. El erotismo se alimenta de la  revolucionaria actividad de todos los sentidos; además es lo que expande el designio o las formas cotidianas por situaciones deliberadamente subversivas, alegres, gozosas. Erotismo es simbolismo, imaginario, expresiones y devenires.

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