Sueña con una mejor vida

Alison Hinestroza y sus cuatro hijos duermen en una cama. Todo lo que tienen ha sido regalado. Fotos Q´HUBO 

Hace tres años, con una mano adelante, otra atrás y con sus cuatro niños pidiéndole comida, Alison Hinestroza llegó a Ibagué. Antes vivía en Neiva, donde un hombre le quemó el ranchito que ella había invadido para tener dónde meter a sus hijos. Los problemas la sacaron corriendo del Huila y llegó a La Musical, donde la vida no ha sido fácil pero ahí va.   

En diálogo con Q’HUBO, Alisson, natural de Buenaventura, Valle del Cauca, contó una parte de su historia. La intención, es llamar la atención de la Unidad de Víctimas, Personería Municipal y Defensoría del Pueblo, entre otras entidades, para que le ayuden a ser reconocida como víctima del conflicto armado y su vida y la de sus retoños pueda mejorar.  

Desde hace 10 años empezó a huir. En esa época, un grupo armado asesinó a su compañero sentimental en la vereda Coscorrón en Barbacoa, departamento de Nariño. 

“Lo mataron a él y a uno de sus sobrinos. Afortunadamente, por cosas de Dios, ese día yo no estaba en la casa. Me tocó endeudarme para trasladar el cuerpo y me tocó salir para nunca más volver. Lo que teníamos, la tierra, y todo quedó allá”, dijo. 

Aunque asegura tener los documentos necesarios que la acreditan como víctima del conflicto armado, no la han reconocido. 

Le tocó invadir

En la Capital del Tolima, la vida ha sido mucho más tranquila, pero igual de triste. No tiene ninguna fuente de ingreso, es madre cabeza de familia y todas las mañanas la pregunta es la misma: “¿Qué le voy a dar de comer a los niños?”. 

La preocupación del techo, “ya lo solucioné”, dice. Recién llegó a la ciudad, vendía dulces en el Centro y de allí tenía que conseguir los 20 mil pesos diarios para pagar una habitación cerca al Parque Galarza y la comida. 

Un día, una persona le dijo que le arrendaba una casa en el barrio Baltazar y aceptó, pero pagar arriendo le quedó grande. 

“Era una casita de material. También tenía que pagar diario, sin embargo, había veces que no tenía la plata y el señor llegaba a tratarnos mal y a decirnos que le desocupáramos. Eso fue en pleno confinamiento ”, recordó. 

Ante la situación, unos vecinos del barrio, conmovidos por la situación, le ayudaron a levantar un cambuche en el sector, a orillas del río Combeima. Con el pasar de los meses ha ido mejorando la casa. El año pasado se fue a trabajar tres meses a una finca en  Planadas y consiguió para las tejas de zinc. Poco a poco ha ido mejorando su hogar, donde la mayoría de cositas y ropa han sido regaladas. 

“Yo sé que invadí y que estamos cerca al río, en zona de riesgo. Aquí hace muchísimo frío, el piso es de tierra, pero tener este lugar para vivir ha sido una bendición. Antes me tocaba salir a vender dulces y eso para el Bienestar Familiar es mendicidad. Me cayeron encima y me iban a quitar a los niños. Además, yo también estaba aburrida de estar de aquí para allá con los niños. Ahora, gracias a que tengo dónde vivir, solo me tengo que preocupar por la comida”, señaló. 

Viven de caridad

Alisson y sus hijos, tres niñas y un niño, no hacen parte de Familias en Acción ni de ningún programa social del Estado. Apenas hace dos meses se enteró que era beneficiaria de Ingreso Solidario, pero solo lo ha podido reclamar el dinero una vez. 

Se describe como una excelente madre, sus niños son su fortaleza. Todos los días madruga para llevarlos al colegio y en la tarde les ayuda a hacer tareas. Espera tener las ayudas del Gobierno como víctima del conflicto armado y tiene la esperanza de entrar en el grupo de familias residentes del Baltazar que la Alcaldía y el Gobierno Nacional reubicarán. 

Las personas que deseen brindarle ayuda a la mujer y a sus hijos con ropa, comida o materiales de construcción, entre otros, pueden contactarla a la línea 312 6429132.

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