Trovando al Tolima: Jamir Londoño improvisa y compone versos a su tierra

En sus redes sociales, Jamir Londoño ha compartido algunas de sus coplas y trovas/ Por más de tres décadas, Londoño ha estado dedicado a la fotografía.

Julián Torres

qhuboibague@gmail.com

Las trovas aparecieron por primera vez en el medioevo. Desde entonces, gracias a la herencia española, mezclada con las culturas locales, cada país latinoamericano ha adaptado este estilo poético y lírico a su idiosincrasia. En Colombia son muy famosas las trovas paisas, pero otras regiones también tienen sus variantes. Artistas como el cajamarcuno  Jamir Londoño, quien ha compuesto trovas y retahílas al Tolima, se dedican a cultivar esta expresión.

Ingenio y mucha práctica

A Jamir, quien ha sido fotógrafo de profesión desde hace 30 años, le gustó desde niño la trova. “Escuchaba por radio los festivales que se hacían en Medellín. También era aficionado al ciclismo, y en esas transmisiones escuchaba las trovas de Los Marinillos”, contó el artista. 

Luego, en 2005, se fue a vivir a Rionegro, Antioquia, donde pensó en incursionar en ese tipo de expresión lírica, pero se dio cuenta de la gran dificultad que le representaba respetar la métrica. Pasó el tiempo y ya de regreso en el Tolima, una vez recibió una llamada de Orlando Velásquez, investigador en la materia, quien lo puso en contacto con Stiven Delgado, “Guasquila”, reconocido trovador de Cocorná.

“Con él aprendí durante ocho meses que para hacer una trova es necesario tener una idea, una rima y un final pensado previamente”, contó Londoño. Además de trovar, también se la ha medido a la retahíla, que consiste en incluir en una narración varios elementos asociados por analogía. 

Así surgieron de su autoría retahílas dedicadas a la Tierra Firme, como una en la que menciona a los 47 municipios del Departamento. También le ha recitado versos a las veredas de la ‘Despensa Agrícola’, así como a los ríos del Tolima; y hasta afluentes y lugares del Quin-dío, Valle del Cau-ca, Huila y Caquetá. 

Jamir, quien ensaya todas las noches junto a un amigo, ha investigado también sobre la trova cubana, también denominada décima, que es más compleja. “La trova es muy universal. En Colombia se destaca la antioqueña por su picante y humor, pero cada región tiene su variante. En la Costa están las décimas, en el Llano el contrapunteo; y en el Tolima tenemos el rajaleña, que sigue una métrica parecida a la paisa”, explicó. 

El cajamarcuno considera que fue su labor de fotógrafo, en la que se ha destacado con varias exposiciones y publicaciones en revistas, la que le llevó a escribir e investigar la cultura. Asimismo, la mezcla entre lo antioqueño por su familia paterna; y lo tolimense por la materna, le generó tal curiosidad. “Son cosas de nuestros ancestros que la gente ya casi no hace”, afirmó.

Ahora, entre sus planes está aprender a tocar el tiple para realizar presentaciones, aunque no de manera competitiva, sino con el fin de crear un semillero de trova, ya que considera que es un arte que poco se difunde en el Tolima, y que es necesario velar porque haya un relevo generacional. 

Extracto de la copla al Tolima

En Líbano, pasando por un prado, a orillas de un río blanco, me encontré con una ‘Alpujarra’, que me pareció muy villahermosa. Yo pensé que era ‘Santa Isabel’, pero no me salió tan purificación. Ella me vio como un gran chaparral. Yo me presenté: “Mucho gusto, soy San Luis Suárez”. Ella me dijo: “Yo soy toda una villarrica”. Yo me la pensaba Rovira, y de una la invité a Cajamarca. “¡Entremos a esa Casabianca!” Armero Guayabal había en unas Planadas y con Carmen de Apicalá nos sentamos bajo un fresno.

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